ESTA AQUIAnecdotario

Anecdotario


     Jubrique, por su acento tan especial, por su sentido del humor, por la idiosincrasia de sus ciudadanos, hacen que a lo largo del tiempo se produzcan multitud de anécdotas y curiosidades.

     Las mujeres, cuando formaban grupos en las tareas del campo, en los lavaderos, grupos formados casualmente que caminaban hacia el campo o regresaban, eran temidas por sus diabluras por los hombres, e incluso en ocasiones cuando uno solo se tenia que cruzar por donde ellas estaban.

     Todas las anécdotas que se relatan a continuación son referentes y verídicas sucedidas en Jubrique. Entenderán que no demos los nombres pues la inmensa mayoría ya no están entre nosotros.

 

El gazpacho del nuevo cura

     Recién autorizados los curas a no vestir las sotanas, vino uno destinado al pueblo. Este venia motorizado. Cerca de la carretera había un grupo de mujeres en la recogida de las aceitunas, a la altura de estas paro y pregunto si faltaba mucho para llegar a Jubrique; de todo dijeron menos lo que quería saber. Le dijeron sin saber que era el cura, sube junto a nosotras que veamos que clase de tío eres, te vamos a hacer un Gazpacho, (a mas de uno le hicieron el gazpacho que consistía en bajarle el pantalón y echarle en sus partes un puñado de tierra y un poca de agua) el cura a pesar de no saber lo que le decían no quiso aventurarse y siguió su ruta. Aquella noche las mando llamar y les dio tal responso que a partir de ahí ya fueron perdiendo parte de lo que habían sido hasta entonces.

 

El cántaro

     Dieron el encargo a un arriero de que le trajera un cántaro, pero este que tenía motivos para desconfiar y decidió no traerlo, cuando se persono en su casa el que le hizo el encargo le pregunto, ¿me has traído el cántaro?. El arriero le contestó si que lo he traído, pero descargando se ha roto, y dice el que esperaba el cántaro, menos mal que no te di el dinero, y contesto el arriero, menos mal que no te lo compre.

 

Los melones de Eugenio

     En Estepona Juan le dio a José tres melones para que se los entregara a Eugenio con una nota en la que le comunicaba: con José te mando tres melones, y José solo le entrego dos, entonces le dijo Eugenio: en la nota adjunta dice que me envía tres melones y contesta José, pues serian tres. Dice Eugenio si pero solo me has entregado dos y dice José, pues serian dos, le replica Eugenio yo creo que eres un sinvergüenza, y le dijo José, me dijo Juan que para quien eran los melones bueno era el recadero.

 

Las zapatillas

     Una señora con los pies desformados lavo las zapatillas también deformadas y las puso a secar en la ventana, al día siguiente fue a recogerlas pero ya no estaban, entonces mirando al cielo dijo; lo único que pido a Dios es que le vengan bien a quien la haya cogido.

 

El saco de trigo

     Cristóbal un vecino de Jubrique, fue a un cortijo de la provincia de Cádiz con sus mulos a comprar trigo, como se viajaba en la época. Se lo servían en sacos por medio de una medida que se llamaba cuartilla, el dependiente era un señor de edad que tenia que arrodillarse para enrasar la cuartilla y al verter en el saco iba contando en voz alta una, dos, tres, etc. Mientras este señor hacia el llenado aprovecho Cristóbal y alcanzo un queso de los varios que estaban expuestos, y con mucho arte para evitar ser visto lo introdujo en el saco, entonces el dependiente contó uno, dos, cuatro. Nuestro amigo Cristóbal le rectifico al dependiente y le dijo se ha pasado Ud. del dos al cuatro. Con esta son solo tres, entonces le dijo el señor que contaba, jamás me equivoco. Si quieres vaciamos el saco y empezamos a contar de nuevo y Cristóbal le dijo posiblemente me haya equivocado yo.

 

El ojo de María

     La señora María en un accidente tuvo una fuerte contusión en un ojo, viajaron su marido y ella para ver al medico a ver que solución le daban., Les dijo el doctor que la operación importaba varios miles de reales. Entonces Antonio, su marido, que no disponía ni de lejos de esta cantidad, le dijo a María: vamos para el pueblo que para lo que hay que ver allí con un ojo tienes bastante.

 

Las costureras borrachas

     Tres amigas de Jubrique costureras muy borrachas. Todos los días se emborrachaban de aguardiente. En el pueblo se cotilleaba que siempre estaban borrachas. Un día comentaron las tres, hoy no lo vamos ni a probar, ni a mentar. Y al medio día se para una ¡ay de que! Y le responde la otra, ¡no puedo vivir sin el! Y dice la ultima, coge la botella y ve por el. Y así bebieron y se hartaron de aguardiente. Pero ellas no lo mencionaron.

 

El arriero mojado

     Dos solteras mayores de Jubrique, vivían en el campo. Era un día lluvioso, llego un arriero por la tarde, y este pregunto si podría pasar la noche allí, una de ellas le respondió que la casa era muy pequeña. Pero comentaron entre si, ¿como vamos a dejar que se vaya con la que esta cayendo? Decidieron darle aposento junto a la chimenea. Estando ya junto a la chimenea, comenta el arriero, podríais hacerme el favor completo morenas mías. Y en ese momento cogieron las dos al arriero y lo pusieron en lo ancho de la calle.

 

El berraco

     Una campesina de Jubrique. Se desplazo como era costumbre en aquella época ha echarle la cochina al berraco. Y un vecino le dice. Mariquilla ¿que vas a echarle el berraco a la cochina? Y le responde la Jubriqueña, pa mi alma la quisiera, no pa la jodía cochina.

 

Disputas

     Dos campesinos del pueblo de Jubrique, que tenían los campos colindantes y siempre andaban con alguna que otra refriega. Uno de ellos tenia una cabra amarrada cerca de la linde. Y el vecino le dice tu cabra se va a comer las habichuelas y le responde: como se las va a comer si esta amarrada? Y dice si pero las esta mirando.

 

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